Después de muchos años... Nancy ha vuelto! Y parace estar más que preparada para asaltar los estantes de las librerías especializadas. Y para celebrar este evento y animar a quien pueda interesarle a adquirr un ejemplar de The John Stanley Library's Nancy Volume 1 que publica Drawn & Quaterly, aquí traigo dos historias de Nancy: "Oona Goosepimple's Fireplace" and "Nancy and The Statues", números 172 y 173 la serie respectivamente.
En ambas historias nuestra protagonista de la cabeza de púas es conducida a la "horrible" casa de Oona Goosepimple -quien la recibe con los brazos abiertos- por motivos que escapan a su control. Una vez dentro le esperaran allí toda clase de feriados y tenebrosos fenómenos. Y una vez más, encontrándose junto al hogar de la chimenea, Nancy caerá en un profundo sueño. Cualquiera que haya leído las historias que John Stanley escribió para la serie (el arte iba a cargo de Dan Gormley, una autor brillante y semidesconocido) sabrá ya que los enigmáticos Yoyos irrumpirán en su sueño, tarde o temprano, para dar muestras de su peculiar atracción hacia ella. Sin embargo, el hogar de Oona sigue siendo un refugio contra el frío invernal y otras inclemencias del tiempo.
Y es que la paradoja es una constante en los guiones de Stanley. Se da una y otra vez, produciendo una serie continuada de giros narrativos que desorientan al lector hasta dejarlo desarmado de cualquier presunción. Y así, a pesar de las peligrosas habitaciones y la brujería que habita en ellas, la casa atesora suficientes atributos como para ofrecer a su huésped el confort y el calor hogareño necesarios para inducirle un profundo sueño placentero. El sueño se convertirá rápidamente en una pesadilla.
Siempre me han fascinado las introducciones que Stanley tenía reservadas para sus historias, las cuales son, en sí mismas, otras historias que él decide dejar incompletas: nunca sabremos cómo perdió Nancy su guante o cómo es posible que sea capaz de valerse del viento como medio de transporte ultraligero -perversamente, deducimos que pueden tratarse del algún truco de la siniestra amiga. Una cosa es segura: el lector no sabe qué esperar cuando empieza a leer las primeras páginas, pero inevitablemente acepta la invitación.
Stanley sentía predilección por el absurdo. Y a través de él y sus múltiples facetas perfila los elementos de la ficción. Éste era un recurso narrativo que dominaba a la perfección. Y en cierto modo, y a pesar de su personalidad depresiva, parecía querer expresar con ello una visión tan profunda y vital de la vida que ésta termina por conmover al lector.
Pero Stanley no puede evitar las oscuras pinceladas que estigmatizan la historia y le infunden un carácter inquietante. Las sombras se estiran a lo largo de la historia dando como resultado una insólita mezcla de comicidad y angustia. Nancy, ya en el nudo de la historia se convierte en una estatua, incapaz de moverse, de hablar y con una jovial y petrificada sonrisa dibujada en su rostro, incapaz de reflejar el miedo que la atenaza. Yo mismo recuerdo haber sufrido algún sueño similar cuando niño.
Nancy despertará, al fin y al cabo. Casi siempre gracias a Oona, ante toda una anfitriona dedicada y cuidadosa, que irrumpe con una bandeja surtida de galletas o cosas por el estilo. Tanto Nancy como el lector terminarán la historia con una poderosa incertidumbre: ¿fue realmente un sueño?
Es en este punto cuando la línea que separa la realidad del reino de la fantasía se desvanece, como si de algún modo el autor tratara de sugerir que la realidad es una de las muchas caras de la poliédrica imaginación. Una premisa que el niño -el cual todavía mide el mundo a través de impresiones que eluden toda convención imperante- parece estar dispuesto a aceptar. Para el niño la realidad es un hecho cambiante, una idea extrapolada, un truco de magia.
¿Cómo demonios se las compuso Stanley para aproximarse tanto a esa percepción del mundo? Sea como sea, pienso que él fue verdaderamente extraordinario en este aspecto, irrepetible incluso.
Y ahora, disfrutad de las historias:













2 comentarios:
Thanks, Gabriel! I haven't read many of Stanley's "Nancy" stories. I can't wait for the book collection!
Yep, Doug! At any moment. Be alert! :)
I'd say Nancy series puts the bounce back into Stanley's comic career when he takes charge of it. His interpretation of Bushmiller's creation is absolutelly brilliant (Oona proves that), IMHO. As Frank Young suggests:
"one of his most ingenious makeovers of all the licensed properties he encountered, in a long comics career."
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